Es claro que nuestra percepción del mundo se da mediante nuestros cinco sentidos, en algunas ocasiones nos vemos disminuidos en alguno de ellos, ya sea por un deterioro natural o por su falta definitiva, pero de algún modo podemos sentir este mundo y aquellas cosas que forman parte de éste.
Nuestras formas de sentir varían según las personas. No podemos saber a ciencia cierta cómo perciben los demás las cosas, pero sí, de algún modo, nos podemos poner de acuerdo en la forma que toma algún objeto, y determinar entre todos lo que ese objeto representa.
Seguir Leyendo...
Por otro lado, una vez que hemos determinado nuestras formas de percibir, tomamos a cada ser y cada objeto de este universo como separado de nosotros, esto se debe precisamente a que nuestros sentidos nos permiten estar en contacto con aquellas cosas externas o que creemos externas. La comprensión del mundo no sólo se da por lo que sentimos, sino por cómo procesamos eso que sentimos, este procedimiento se hace en el cerebro, entonces nuestra interpretación del universo la realizamos mediante las relaciones que hacemos en nuestra mente de éste.
Este manera de sentir, nos lleva a reflexionar sobre qué somos nosotros y el mundo, es decir, nos sentimos ajenos a los que nos rodean, aun cuando podemos desarrollar diversos sentimientos por personas, animales o cosas, pensamos que nuestra relación con el mundo es aparte y que en cualquier momento podemos cambiar estas relaciones. Nos cuesta trabajo entender que el mundo no depende sólo de nosotros, debido a que nos sentimos autosuficientes, pero a partir de la última crisis financiera global, si bien aún no entendemos qué pasa, comenzamos a comprender que estamos ligados los unos a los otro y a la naturaleza. De formas diversas, las relaciones con el mundo cambian y ahora nos damos cuenta cuan vulnerables somos.
Depende de nosotros observar cuáles son las relaciones que guardamos con el mundo, a partir del hecho de que dependemos por completo de la naturaleza.
Es a partir de este momento, que entender que la vida es ahora, que aquellos y aquello que nos rodea es parte de nosotros y nosotros parte de ellos. Si dañamos al sistema nos hacemos daño irremediablemente a nosotros mismos, ¿Esto ya lo abras escuchado con antelación? No está por demás que lo reflexiones de nuevo y tomemos juntos una decisión, para encontrar la verdad y dar fin a nuestro peregrinar a Ítaca.
Abelardo Vela
|
El término inteligencia se ha venido utilizando como expresión de la capacidad de abstracción, aprendizaje y adaptación a nuevas situaciones, que permite la adquisición de la habilidad para juzgar, comprender y razonar.
La maduración cerebral es la que permite al niño alcanzar, en las distintas etapas cronológicas de su evolución, el máximo grado de perfección funcional a través del aprendizaje, permitiendo su organización general y, de manera particular, la cognición y la autoconciencia. En el primer año de vida ya posee una capacidad cognitiva general y obtiene unos instrumentos que le permiten pensar, relacionarse socialmente, adquirir un lenguaje y, finalmente, utilizar la inteligencia para obtener una conciencia propia que le permitirá utilizar aquellos instrumentos de manera independiente.
Seguir Leyendo...
Consecuentemente con esto, la formación tiene que ser integral; debe presentarse al niño la unidad dinámica que existe entre los conocimientos útiles, el desarrollo del pensamiento creador, la responsabilidad de actuar para transformar el medio natural y social que le rodea y la formación de valores positivos de todo hombre virtuoso. El proceso idóneo para obtener esos objetivos es la conjunción dialéctica entre el conocer, el pensar, el actuar y el formar valores. La esencia de la concepción educativa se afirma en el criterio que al enseñarle al niño a percibir estéticamente la naturaleza y la realidad social —y a valorarla—, le da a su vida una dimensión especial.
Es decir, que las mayores posibilidades para el desarrollo y las manifestaciones de las peculiaridades individuales, se dan en la comunicación colectiva; pero esta ocurre en niveles más altos, cuando se logra la comunicación dentro de un colectivo entendido éste como una comunidad de intereses volcados hacia la solución de los problemas de todos. Es allí donde el hombre encuentra capacidad para la acción: la energía, la actividad y la fuerza de voluntad.
Esta inteligencia puede direccionarse hacía la unidad, para así poder, en el futuro, desarrollar la perfección del hombre.
Patricia Martínez
|
Toda la materia en la naturaleza puede ser dividida según su nivel de complejidad: inanimado, vegetal, animal y humano. A pesar de la gran diferencia entre los niveles, todos tienen una propiedad en común, se trata del principio de colaboración de diferentes partes para el beneficio del sistema completo.
Seguir Leyendo...
A nivel inanimado, el mineral más común en la corteza terrestre es el cuarzo. La estructura básica de este mineral es el tetraedro formado por un ión de silicio rodeado de cuatro iones de oxígeno. Sin embargo, sólo cuando los tetraedros comparten los iones de oxígeno, se forma un mineral estable. Asimismo, en minerales más complejos diferentes estructuras básicas colaboran entre sí y comparten diferentes iones para mantener la estabilidad de la estructura mineral.
A nivel vegetal, las raíces de las plantas absorben agua y elementos minerales del suelo y los desplazan a las partes aéreas. Las hojas, a su vez, producen azúcares mediante el proceso de fotosíntesis y los desplazan a todas partes en la planta, incluyendo las raíces. En especies caducifolias, los elementos minerales se desplazan desde las hojas hacia otras partes de la planta, antes de la senescencia. Así, los diferentes órganos de la planta colaboran entre sí.
A nivel animal y humano, se observa el mismo principio de colaboración, pero en un mayor nivel de complejidad. Existen, por ejemplo, diferentes tipos de sistemas en el cuerpo animal y humano: respiratorio, reproductivo, nervioso, digestivo, etc., cada sistema está constituido por diferentes órganos que, a su vez, están compuestos por un conjunto de células. Sólo cuando todos los sistemas, los órganos y las células se coordinan y se organizan con una meta en común, el organismo existe en equilibrio.
A nivel animal, existen varios ejemplos de colaboración de diferentes individuos dentro de una colonia, bandada o manada, con el propósito de lograr la sobrevivencia de la especie. Esta colaboración es muy incuestionable desde los organismos relativamente simples, como las abejas y hormigas, hasta los organismos más complejos, como las aves y los mamíferos.
Es evidente que la colaboración de diferentes partes para el beneficio del sistema completo es un principio universal de la naturaleza. Sin embargo, ¿los seres humanos cumplen este principio? Sin duda alguna, el humano es la única especie egoísta y el único que se opone a la armonía de la naturaleza que es altruista. Constantemente, el hombre pone un “yo” en el centro del mundo, en vez de un “nosotros”.
No es sorprendente, por lo tanto, que la humanidad actualmente esté recibiendo los golpes de la naturaleza y esté experimentando crisis en todos los niveles: ecológico, económico, social y ahora también sanitario. Para solucionar estos problemas globales, tenemos que construir nuestra sociedad de acuerdo al principio universal de la naturaleza que es altruismo. Para lograr el beneficio de toda la humanidad, los seres humanos deben aprender a colaborar, ahora mismo o como resultado de grandes desastres.
Dr. Alexander Neaman
Profesor
Facultad de Agronomía
Pontificia Universidad Católica de Valparaíso
|
Los problemas ambientales ya no aparecen como independientes unos de otros, sino que constituyen elementos que se relacionan entre sí, configurando una realidad diferente a la simple acumulación de todos ellos. Por ello, hoy en día podemos hablar de algo más que de simples problemas ambientales: nos enfrentamos a una auténtica crisis ambiental y la gravedad de la crisis se manifiesta en su carácter global.
Seguir Leyendo...
Sin embargo, no podemos limitarnos a percibir esta crisis como un conflicto en el que determinados planteamientos sobre el mundo y sobre la vida resultan inadecuados. Si somos conscientes de que sólo en un ambiente de crisis se consideran y se desarrollan soluciones innovadoras, parece claro que tenemos ante nosotros el desafío de encontrar en la crisis una ocasión para “reinventar”, de forma creativa, nuestra manera de entender y relacionarnos con el mundo.
Estas soluciones no pueden ser solamente tecnológicas. El desafío ambiental supone un reto a los valores de la sociedad contemporánea, ya que esos valores, que sustentan las decisiones humanas, están en la raíz de la crisis ambiental. En este contexto, la educación ambiental tiene un importante papel que jugar a la hora de afrontar este desafío, promoviendo un “aprendizaje innovador” caracterizado por la anticipación y la participación, que nos permita, no sólo comprender, sino también implicarnos en aquello que queremos entender.
Un propósito fundamental de la educación ambiental, es lograr que tanto los individuos como las colectividades comprendan la naturaleza compleja del medio ambiente (resultante de la interacción de sus diferentes aspectos: físicos, biológicos, sociales, culturales, económicos, etc.), y adquieran los conocimientos, los valores y las habilidades prácticas para participar responsable y eficazmente en la prevención y solución de los problemas ambientales y en la gestión de la calidad del medio ambiente.
La educación ambiental resulta clave para comprender las relaciones existentes entre los sistemas naturales y sociales, así como para conseguir una percepción más clara de la importancia de los factores socioculturales en el principio de los problemas ambientales. En esta línea, debe impulsar la adquisición de la conciencia, los valores y los comportamientos que favorezcan la participación efectiva de la población en el proceso de toma de decisiones. La educación ambiental así entendida puede y debe ser un factor estratégico que incida en el modelo de desarrollo establecido para reorientarlo hacia la unidad y la equidad.
Por lo tanto, la educación ambiental, más que limitarse a un aspecto concreto del proceso educativo, debe convertirse en una base privilegiada para elaborar un nuevo estilo de vida. Ha de ser una práctica educativa abierta a la vida social para que los miembros de la sociedad participen, según sus posibilidades, en la tarea compleja y solidaria de mejorar las relaciones entre la humanidad y su medio.
Patricia Martínez
|